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EN PREMIERE DE GALA JUEGO DE PODER

2008-02-19

Llevando a Charlie a la Pantalla

Para 1979, el Congresista Charlie Wilson ya había representado de manera incomparable al segundo distrito de Texas durante seis años. “El liberal de Lufkin” era una paradoja que rutinariamente abogaba por los más débiles. Luchó por los derechos de la mujer y las exenciones de impuestos de los ancianos pero el texano también se opuso al control de la venta de armas de fuego. Sus electores africano-estadounidenses eran sus mayores adeptos, él era pro-vida en la zona fundamentalista. Su distrito lo adoraba.
En el Congreso de Estados Unidos, Wilson quizás era más conocido por las debilidades personales que acompañaron su creciente capital político. Se rodeó de un grupo de bellas asistentes conocidas, naturalmente, como ‘Los Ángeles.’ Con 6’4” de altura, una voz resonante, una mente aguda y mucho encanto, su predilección por las mujeres era ayudada por su amor por el whiski. Los escándalos parecían seguirlo a todas partes pero también era muy agradable. Wilson siempre lograba salirse de cualquier aprieto. Y de todos los hechos que ocurrieron en 1979, la invasión soviética de Afganistán parecía la menos indicada para aparecer en su radar. Por otro lado, nada que Wilson hiciera puede describirse como típico.
La revelación pública de las proezas de Wilson comenzó con un segmento en el programa de televisión 60 Minutes producido por el premiado periodista George Crile en 1988. Crile continuó siguiendo la historia y escribió un éxito de librería sobre la guerra clandestina de Wilson que parecía una novela, excepto que no era ficción. Como Crile escribió en su libro, “Fue en enero de 1989, justo cuando el Ejército Rojo se preparaba para retirar sus soldados de Afganistán, cuando Charlie Wilson me llamó para invitarme a que lo acompañara en un gira en búsqueda de información en el Medio Oriente. Yo había producido un segmento sobre Wilson varios meses antes y no tenía intención de investigar más sobre su papel en la guerra afgana. Pero acepté la invitación. El viaje comenzó en Kuwait, luego el Irak de Saddam Hussein y Arabia Saudita, una gran gira que nos llevó a los tres países que ocuparían el centro del escenario en la Guerra del Golfo. Para mí, el viaje fue sólo el comienzo de la odisea de una década.”
El insólito relato de intriga internacional y política mundial de Wilson, repleto de personajes pintorescos con sueños de gloria, cautivó al reportero. También fue un reto extraordinario documentar la desconcertante saga de musulmanes fundamentalistas, judíos traficantes de armas y agentes de la C.I.A. en contubernio con dos texanos y un agente griego-estadounidense de la C.I.A. “Ninguno sabía toda la historia,” explica Susan Lyne, la esposa y editora de Crile. “Charlie sabía su parte, Gust la suya, Joanne la de ella. George los entrevistó durante años y a medida que aprendieron a confiar en él, le dieron cada vez más información. George unió todas las piezas del rompecabezas y encontró un estilo narrativo que unió a los lectores con los personajes y la trama.”
Obtener y descifrar la información fue una tarea monumental, sobre todo porque Crile nunca abandonó su trabajo diario. “Le tomó 13 años desde ese primer viaje hasta su publicación,” dice Lyne, “pero estaba desenterrando pactos secretos con países que ni siquiera se reconocen entre sí, operaciones clandestinas de la C.I.A. y las maquinaciones internas de comités del Congreso.”
Barbara, su hermana, se convirtió en la ayudante de Crile y lo ayudó tanto que él le dedicó el libro. “Pienso que lo que más lo atrajo fueron los personajes imperfectos que, detrás del licor, la brusquedad y las mujeres, tenían sueños de gloria,” explica Barbara Lyne, “quisieron ayudar a los desamparados, los mujahideen afganos y pensaron que podían cambiar el mundo. A George le encantaban las historias de redención y le gustó ésta en particular porque sus héroes eran diferentes. Le encantó el hecho que, como los afganos dicen, ‘Alá trabaja de maneras misteriosas.’”
Cuando el libro de Crile finalmente se publicó en 2003, se convirtió en un éxito de librería y atrajo la atención del productor Gary Goetzman y su socio, Tom Hanks, quienes quedaron fascinados con el pícaro relato, especialmente las maquinaciones en Washington y la resistencia afgana al ejército ruso que Crile documentó y adquirieron los derechos cinematográficos. La tarea de convertir el tomo en libreto cinematográfico le tocó a Aaron Sorkin, el escritor ganador del premio Emmy conocido por sus relatos políticos llenos de personajes inteligentes, astutos juegos de palabras y tramas interesantes. Desde Una Cuestión de Honor (la obra teatral y la película) a Mi Querido Presidente y la aclamada serie de televisión El Ala Oeste de la Casablanca/The West Wing, Sorkin ha navegado los pasillos del poder estadounidense, desde los militares a los fundamentalistas bíblicos.
El guionista se reunió numerosas veces con Crile durante el proceso creativo del guión y tanto el periodista como el Congresista Wilson colaboraron ampliamente con Sorkin. Es más, Wilson contribuyó regularmente a lo largo de la producción y demostró su agudo intelecto, pícaro sentido del humor y gran conocimiento de la historia. “Desde el primer día que hablé con Charlie fue el tipo más franco, cómico, amigable y conocedor con el que he hablado sobre un filme,” dice Goetzman. “Nunca nos decepcionó, siempre comprendiendo el proceso más de lo que debía.”
Los productores trabajaron con Sorkin para convertir la historia de Crile en un libreto cinematográfico honrando las verdades básicas de lo que Charlie, Joanne y Gust hicieron. “Juego de Poder podría ser un documental fascinante,” ofrece Hanks, “pero es una cinta entretenida con aspectos históricos interpretados con una estética artística que requiere perspectiva. Todo esto basado en el libreto de Aaron que captó la sensibilidad del libro de George.”
Cuando los productores estuvieron satisfechos con el guión, lo presentaron al director Mike Nichols. Nichols, con una carrera de más de cuatro décadas en teatro, cine y televisión, ha explorado la vida y amores de una gran variedad de personajes notables, revelándolos con humor, inteligencia y sensibilidad. “Pensamos que era el tipo de material que podía atraer a Mike,” dice Goetzman.
Nichols y Hanks habían estado a punto de trabajar juntos en una película pero no lo lograron hasta Juego de Poder. El actor ganador de dos Oscar® dice que ha sido influenciado por su director desde el principio de su carrera. “Puedo decirles dónde estaba y que estaba haciendo cuando vi las realizaciones de Mike, desde Trampa 22 a El Graduado a ¿Quién le Teme a Virginia Wolf?” reflexiona Hanks.
“Tom y Gary me pidieron que leyera el libro y me encantó,” dice Nichols. “La idea de Aaron Sorkin me pareció brillante y correcta. Tom y yo somos buenos amigos y he querido trabajar con él desde hace mucho.”
El director conoció a Wilson y quedó muy impresionado. “Él es el único político que he conocido que no habla como una cinta pregrabada,” asevera Nichols. “Te escucha y contesta lo que le viene a su mente. Es cortés, amable y atento, verdaderamente le agrada la gente.”
“Muchos ignoran lo serio que fue la Guerra Fría y el miedo que todos le tenían a Rusia,” continúa Nichols. “No era si tenían o no armas de destrucción masiva, ellos las tenían.”
Para prepararse para el rol, Hanks se reunió con Wilson para conversar sobre política, Herring y Avrakotos. “Le dije, ‘tenías un contrincante para tu puesto en el Congreso. Te habían investigado por consumo de drogas, eras un notorio mujeriego, un bebedor conocido y un parrandero. ¿Qué dijiste en la campaña contra tu opositor?’ Él me dijo, ‘La oposición podía decir lo que quisiera de mí pero pasamos más leyes a favor de Medicare, tratamos a nuestros veteranos mejor que nadie y aprobamos leyes a favor de nuestros electores. ‘Él era un político consumado pero nunca fue hipócrita sobre su comportamiento,” dice el actor.
Continúa Hanks, “Ya había invertido mucho tiempo y energía en el libro con George. Estaba acostumbrado a que otras personas le preguntara sobre su vida. Lo asombroso fue que dijo, ‘No me importa lo que digan de mí. Muestren lo que quieran porque probablemente lo hice. Es la veracidad de lo que sucedió históricamente lo que me importa.’”
Desafortunadamente, el escritor George Crile murió de cáncer de páncreas el 15 de mayo de 2006 a la edad de 61, antes de comenzar el rodaje. “El libro era una parte muy importante de su vida y tenía mucha ilusión en la película. Perderlo antes de realizarla fue duro,” reflexiona Goetzman.



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